Diseño lo que me deslumbra en lo cotidiano: un color, una textura, un gesto. Hace años, armando tocados de novia, aprendí una técnica de tejido con alambre que me resultó cómoda y, sobre todo, mágica: iba trabajando el alambre y aparecían formas que no había imaginado del todo hasta tenerlas entre las manos. Con el tiempo llevé esa misma técnica al cuello. No nació de una temática ni de una época puntual. Nació de una manera de trabajar que se fue construyendo durante años, y que hoy es uno de los sellos de la marca. Este Drop retoma esa línea con colores pensados para esta temporada.
Elijo los materiales viajando: mercados antiguos, mercerías, ferias como El Encant en Barcelona. Compro piedras, cuentas, botones y cerámicas mucho antes de saber en qué pieza van a terminar, y las guardo hasta que aparecen solas cuando me siento a trabajar. Algunas piezas vienen de mi abuela. Ninguna tiene un significado fijo: las elijo por su textura, por su forma, por lo difícil que fue encontrarlas.
Cada collar empieza por un color. Después busco el elemento que va a sostener esa combinación: la pieza que va a resaltar sobre el resto. A partir de ahí tejo con alambre, cuenta por cuenta, hasta que la forma queda pareja de un lado y del otro. Hay mucha improvisación en el camino —más que en cualquier otra técnica que trabajo— porque el alambre permite sumar o sacar una piedra sobre la marcha. Según el tamaño, una pieza puede llevar entre dos y nueve horas de tejido.
En esta línea hay gargantillas de un solo cuerpo, como Bugambilia o Eclipse, y piezas de dos partes que bajan sobre el pecho, como Azahar o Almendro. Ninguna se puede volver a tejer exactamente igual: la técnica se resuelve en el momento, y eso hace que cada collar termine siendo uno solo.
Este es el primer lanzamiento de SAGUIR en España, después de una etapa consolidada en Argentina. Para mí es volver a empezar: la misma pasión de siempre, en otro país, con las mismas manos.
— Mercedes
